KC 5/10: Globalización: la versión japonesa

19 10 2011

El tema de la globalización es muy complejo y abarca muchos ámbitos distintos. Se podrían llenar páginas y más páginas sobre el tema y nunca acabaríamos. Por supuesto, es todavía más difícil plasmar qué ha comportado la globalización en Japón en un simple post, por lo que el siguiente artículo no pretende ser un análisis en profundidad, ni mucho menos, sino una “vista aérea” sobre el tema, un sondeo por la superficie del asunto para que podamos hacernos una idea de lo que ha comportado la globalización en Japón basada en lo que podemos observar a ojo desnudo. Hacer las valoraciones es algo que queda en manos del lector.

Originalmente publicado en Keihan Chronicle el 28 de octubre del 2009.

Japón ha sido durante mucho tiempo conocido por su capacidad para absorber elementos de culturas ajenas y adaptarlos a su propio gusto y necesidades. Esto no es algo reciente en absoluto, y podemos comprobarlo con echar un simple vistazo a la historia de Japón desde los tiempos de las crónicas del Kojiki. La religión, el idioma, la arquitectura… una parte importante de eso tiene sus orígenes en aquellos que llegaron en tiempos remotos desde tierras forasteras a través de China y Corea. Sin embargo, todo eso fue adaptado para crear lo que hoy conocemos como el “estilo japonés”. El resultado es algo parecido a la fuente original, pero al mismo tiempo nuevo y muy distinto.

En el siglo XX esta tendencia no sólo continuó, sino que fue potenciada por la industrialización: aparatos electrónicos, moda, características culturales, todo fue importado y adaptado en su correspondiente versión japonesa. De algún modo la globalización (o quizás una versión avanzada de esta) reside en las bases de la cultura japonesa. Es por eso que hoy en día podemos ver cosas como hamburguesas teriyaki en el McDonald’s o bandas de inspiración rockabilly (entre muchos otros ejemplos) coexistiendo en armonía con productos de creación totalmente autóctona en el Japón moderno.

Miss Liberty en Kyôbashi, Osaka

A veces la integración de algunos elementos extranjeros en Japón es tan fuerte que los japoneses mismos han olvidado su procedencia original. Hay incluso japoneses que me han confesado que de pequeños tenían la convicción de que cosas como la canción de Jingle Bells o la cadena McDonald’s eran de invención japonesa. Eso es a lo que llamo yo un alto nivel de globalización donde, perdiéndose los indicios de su origen concreto, las cosas se vuelven globales.

Siendo los japoneses mismos maestros  de la adaptación, no van del todo errados cuando dicen que algo con origen extranjero es japonés para ellos, ya que su interpretación puede ser muy distinta de la original.

Personajes Disney “japonizados”. ¿Quizás más japoneses que americanos?

Hoy, la globalización está presente en todo el mundo, pero en Japón a menudo toma formas más chocantes que en muchos otros sitios. Los japoneses, como han hecho desde sus orígenes, si ven algo que les gusta lo toman, rechazando todos aquellos elementos que no les gustan, y eso puede llevar a resultados muy curiosos. Este es un tema suficientemente interesante como para llenar cientos de estudios, pero como es algo imposible de resumir en un simple post, quedémonos por ahora con su parte divertida.

Takoyaki + CSI = ?





KC 4/10: Afición deportiva en Japón: el caso del Barça

14 10 2011

Otro tema para la colección. Esta vez iba de deportes, y aunque no son mi fuerte, hice lo que pude para cumplir 😛 Sin más rodeos, ahí va el artículo.

Originalmente publicado en Keihan Chronicle el 14 de octubre del 2009.

Creo que no me equivoco si digo que en Japón hay fans entusiastas de casi cada cosa habida y por haber. Eso a menudo lleva a situaciones curiosas como la que voy a contar.

En España, de donde vengo, si hay un deporte popular que destaque por encima de los demás, ese es indiscutiblemente el fútbol, y más concretamente el Barça y el Real Madrid, los principales equipos del país. En Japón el fútbol ha ido ganando popularidad en los últimos años, pero todavía está lejos del rey de reyes: el béisbol. Sin embargo, desde que llegué a Japón no hay semana en la que no vea por lo menos algo relacionado con el equipo del sitio de donde vengo, Barcelona. Nunca he sido aficionado al fútbol, ya que sinceramente es un deporte que me aburre mucho, pero no puedo evitar esbozar una sonrisa cada vez que veo un símbolo tan familiar en los sitios más inesperados.

Sorpresa en un salón recreativo de Dotombori (Osaka)

Sé, por supuesto, que la liga española de fútbol es conocida en muchos países, pero no sabía que la afición llegaba a esos niveles. Como ejemplo, simplemente decir que en las últimas semanas he visto a muchos más japoneses llevando camiseta o mochilas del Barça que de los Hanshin Tigers (el primer equipo de béisbol de la región). Incluso sin siquiera salir de Hirakata pude encontrar una lámpara de Mickey Mouse del Barça, así como un pack de la PS3 con Leo Messi luciendo en la caja, ambas cosas en un centro comercial cercano a la estación de Hirakata-shi.

Aquí tenemos a Messi, rodeado de Pokémons

Al llegar a Japón, mis dos compañeras de Barcelona (ellas sí fanáticas del Barça) y yo no tuvimos que esperar ni una semana para conocer el fan más acérrimo del Barça que hayamos visto jamás, quien resulta ser un estudiante de Kansai Gaidai: sigue todos los partidos, incluso pasa la noche en vela para ver jugar al Barça en directo, y además no se separa de sus chandals oficiales ni su iPhone con carcasa del Barça.

Una parte de esa popularidad se debe al equipo mismo, que se ha esforzado en promocionar su imagen en Japón de muchas maneras distintas, pero quien hace que todo eso funcione son los fans japoneses, quienes siempre reciben con entusiasmo aquello que les gusta, sin importar su origen. Es difícil saber de dónde viene toda esa pasión que demuestran los fans japoneses (no sólo en este tema), pero tiene algo especial que les diferencia de lo que estamos acostumbrados a ver.





KC 3/10: 105 yenes: reciclando la cultura popular

10 10 2011

En la tercera parte de mi exploración sociológica de Japón le tocó el turno a la cultura popular, donde aproveché para hablar de las tiendas de segunda mano, en especial de la cadena Book-Off. Si se sabe lo que se busca, en estos lugares pueden encontrarse pequeños tesoros a precios muy razonables, por lo que esta cadena en particular se convirtió en uno de mis lugares favoritos donde ir a matar el tiempo. Además las había por todas partes, por lo que siempre valía la pena echar una ojeada para ver si encontrabas ese objeto codiciado (libro, CD, DVD…) que tanto hacía que buscabas…

Originalmente publicado en Keihan Chronicle el 7 de octubre del 2009.

Es un hecho reconocido que Japón genera y consume toneladas de cultura popular de todo tipo: Manga, música, moda… todo lo que uno pueda imaginar. Mucha de esa mercancía generada por la industria del entretenimiento es consumida en masa por todo tipo de gente, pero al final acaba siendo desechada por aquellos quienes pagaron por ella. Las razones pueden ser muy variadas: puede que la compra de cierto producto se debiera a una moda puntual, que su propietario se aburriera de ello, o simplemente que no tuviese el espacio suficiente para almacenar todo lo que compra. Sea cual sea la razón, la verdad es que un buen volumen de esos productos acaban o bien en la basura, o bien en tiendas de segunda mano.

En el último caso, es difícil imaginar la razón por qué la  gente se molesta en vender por unas escasas monedas algún CD o libro por el que pagaron algunos miles de yenes, y que acabará siendo vendido por un precio que puede abarcar entre un tercio del precio original hasta un mero 3% en los casos más extremos.

Hace relativamente poco muchos de estos valían más de 3.000¥

Las tiendas de segunda mano de este tipo de material (principalmente CDs, DVDs, libros, manga y videojuegos) pueden encontrarse por todo Japón, siempre con estanterías repletas de material tanto nuevo como antiguo. Allí, todas esas cosas reciben una nueva oportunidad de acabar en manos de coleccionistas entusiastas, compradores casuales, o hasta gente que simplemente está de paso y busca algo con que distraerse. En cualquier caso, esta representa una vía importante de consumo de cultura popular, probablemente la más económica.

¿Librería o biblioteca?

A pesar de ello, aunque por unos míseros 105 yenes cualquiera puede hacerse con un tomo de manga en perfectas condiciones y llevárselo a casa, muchos prefieren quedarse allí de pie en frente de la estantería leyendo un volumen tras otro de cabo a rabo. Esta práctica, conocida como tachiyomi (立ち読み), casi puede considerarse como un “deporte nacional” practicado por todo tipo de personas.

                           El tachiyomi vendría a ser algo así, pero sin los trajes de marciano

La velocidad en que se mueve la industria del entretenimiento en Japón alimenta este tipo de lugares, que se convierten en el destino natural para todo aquello que ya no está a la última. Una pregunta que se podría formular entonces sería: ¿Qué pasará con todos esos CDs y libros unos meses después de ser comprados? ¿Volverán a su punto de partida en un bucle indefinido o bien acabarán olvidados en algún rincón? Estas preguntas no son de fácil resolución, pero lo que es seguro es que todo este mundo representa una capa más del vasto grueso que es la cultura popular en Japón, seguramente no la más superficial, pero sin duda una de gran importancia.





KC 2/10: Vecindario en Hirakata

6 10 2011

En esta ocasión, una vez más aclimatado al sitio, me tocó hablar le la ciudad en la que vivo. Esas fueron mis impresiones del primer mes y medio en Hirakata.

Originalmente publicado en Keihan Chronicle el 29 de setiembre del 2009.

Yo vivo en Hirakata, la misma ciudad donde se encuentra la universidad de Kansai Gaidai. Si nos ceñimos a los datos, Hirakata es una ciudad con más de 400.000 habitantes, y eso no es una cifra nada despreciable, especialmente si se compara con mi ciudad natal, que cuenta con apenas la mitad de habitantes. A pesar de ello, cuando hablo de Hirakata con algunos de mis compañeros japoneses de la universidad, a menudo oigo expresiones como “Hirakata es un pueblo rural, de campo” (lo que se entendería por la expresión japonesa ‘inaka’).

¿Ciudad o pueblo?

Al principio es una afirmación un tanto chocante, pero una vez has pateado un poco el sitio entiendes lo que quieren decir. Independientemente de lo grande sea, puedes sentirte como si pasearas por un pueblo. Callejones silenciosos, campos de arroz en los sitios más inesperados, poca gente por las calles… ¿Dónde se esconde ese casi medio millón de personas? Incluso en el centro, en los alrededores de la Estación de Hirakata, es raro ver multitudes. En resumen, por lo que he podido ver en el mes y medio que llevo en Hirakata, puedo decir que se trata de una ciudad más bien “poco urbana”.

Nada de multitudes
El término de ciudad poco urbana puede sonar extraño, pero no es necesariamente algo malo. Estando situada a apenas 30 minutos de súper-urbes como Osaka y Kyoto, ¿quién necesita calles atestadas, luces de neón y altavoces ruidosos? Una zona tranquila es necesaria, aunque en ocasiones pueda inspirar aburrimiento. Por la poca gente que puede verse en las calles durante el día uno puede imaginarse que muchos dejan cada mañana sus casas para ir a trabajar fuera, quizás en las grandes ciudades dónde los negocios y las grandes empresas se reúnen, incansables metrópolis que nunca duermen. Sin embargo esas personas tienen un lugar tranquilo donde volver y deshacerse del estrés acumulado durante el día, un lugar al que llamar “dulce hogar”. Hirakata es sólo un ejemplo más de ese tipo de lugares, pero como hogar de tantos miles de personas que es (entre las que me podría incluir a mí mismo), es también un lugar muy especial, una comunidad bien definida con su propia identidad, al fin y al cabo.

La paz se respira en el aire





KC 1/10: Primeras impresiones de Japón

2 10 2011

Encontrar un tema para escribir es uno de los mayores quebraderos de cabeza que puede tener un aspirante a blogger. Yo ya he demostrado ser bastante nefasto en este aspecto, pero nunca abandono del todo e intento esforzarme para mantener esto vivo.

Para intentar resucitar esto un poco pensé en recuperar los artículos (escritos originariamente en inglés) que escribí en un el blog de la asignatura de Antropología Visual que tomé en mi primer semestre en Japón (Verano-Otoño del 2009). Se nos daba un tema cada semana, y teníamos que exponer algún aspecto relacionado con ello en un breve post, tratando principalmente las impresiones personales que, desde un punto de vista antropológico, nos llamaron la atención de la sociedad japonesa. De allí salieron temas interesantes, y en ocasiones dignos de abrir debate, por lo que espero que sea del agrado de quien sea que quiera leerme.

Así pues, empiezo con el primer post, dedicado a mis primeras impresiones del país.

Originalmente publicado en Keihan Chronicle el 15 de setiembre del 2009.

¿Es Japón distinto?

Esta pregunta podría recibir respuestas muy variadas dependiendo de a quién se le dirija. Para alguien procedente de más de 10.000 kilómetros al Oeste, la reacción más lógica al tomar tierra sería la de sorpresa y emoción por sumergirse de lleno en una cultura que le es totalmente nueva. Los libros, la historia y la gente misma siempre ha dividido el mundo entre Este y Oeste como polos opuestos, y la mayoría de estas personas cree en esta distinción, imaginándose el otro lado como algo exótico o incluso extraño. ¿Es esta distinción real? Quién sabe, esto depende también del punto de vista que se tome.

Un jóven yamabushi, no creo que ningún niño en España juegue a meditar

De algún modo yo creía en esa diferencia, y esperaba que eso me chocara de una manera u otra, pero lo que más me impresionó al llegar fue precisamente que no estaba tan impresionado como creía que estaría. Es cierto que las diferencias entre Japón y mi país son evidentes: carteles escritos en kanji, futones en lugar de camas, palillos en lugar de cubiertos, bicis por todas partes… Pero me di cuenta de que la gente hace las mismas cosas en todo el mundo, de una manera distinta, pero al fin y al cabo lo mismo.

Neither flying cars nor giant robots around, just a crowded train station
Ni coches voladores ni robots gigantes a la vista, simplemente una estación llena de gente

Quizás es porque he leído y visto un montón de material sobre Japón en los últimos años, y las cosas aquí ya son de algún modo familiares para mí, o a lo mejor es porque en estas dos semanas en Hirakata no he sido capaz de ver todavía Japón en toda su gloria pero, al fin y al cabo, no me he sentido tan impresionado como creía que me sentiría. Eso es sólo una primera impresión, y queda mucho por venir en mi experiencia en Japón, así que podría tratarse simplemente de una reacción momentánea que podría desvanecerse a medida que descubra cosas nuevas. El tiempo dirá.