Hirakata

9 09 2009

Hirakata, ese es el nombre de mi ciudad de acogida, donde se encuentran mi residencia y universidad y que curiosamente comparte nombre con el videojuego para aprender el silabario japonés que creó un amigo hace unos años.

Saliendo de la residencia

Saliendo de la residencia

¡Cuidado con los coches cúbicos!

¡Cuidado con los coches cúbicos!

Es difícil describir Hirakata en terminos comparativos con la típica ciudad española. Si miramos los datos objetivos veremos que tiene 409.813 habitantes, una cifra nada despreciable que la convierte en una urbe a tener en cuenta. Aún así, la impresión que da desde dentro es la de una pequeña ciudad de provincias, por no decir un pueblo grande. Tengo que aclarar que tampoco he tenido la oportunidad (o las ganas) de explorar el sitio en toda su extensión, pero no creo que me equivoque mucho si digo que no hay mucho que hacer en Hirakata.

Niño aburrido haciendo el monje asceta en los chorros del parque

Niño aburrido haciendo de monje asceta en los chorros del parque

Por lo que conozco de ella, puedo diferenciar entre 2 tipos de zonas, la residencial y la comercial. La primera es donde se encuentra tanto la residencia como el campus de la universidad, y se compone básicamente de calles estrechas y retorcidas llenas de casas más o menos tradicionales con sus tejados japoneses, mini jardincitos y coches cúbicos aparcados en lo que ellos le deben llamar “garaje”, pero que creo que responde más al concepto de “rincón”. A parte de esto no hay mucho; algún parque, una biblioteca pública (en la que apenas hay mesas), y poco más. Por la misma naturaleza de la zona, el hecho de ir a comprar comida (tarea casi diaria), se convierte en una excursión de media hora, todo para volver a casa con minibolsas de lo que sea (aquí casi todos los productos llevan muy poca cantidad) a precios no muy razonables (por ahora toca cenar ramen o sucedáneos cada noche).

Top World, el super en que antes de cerrar ya te están vaciando las estanterías

Top World, el super en que antes de cerrar ya te están vaciando las estanterías

Otro tema a destacar de la zona es la afluencia de bicicletas, la mayoría de ellas suicidas. No miento si digo que en los días que llevo aquí no he visto apenas unos pocos japoneses a pie. Aquí cada uno va a su bola, y tienes que estar muy atento para no ser arrollado por una señora conduciendo paraguas en mano y con su “máscara de soldador” para que no le toque el sol. Tampoco es raro ver alguien leyendo el periódico o enviando mensajes con el móvil mientras recorre las calles a velocidades considerables (incluso vi una chica con paraguas y móvil a la vez). Por cierto, se me olvidaba comentar que aquí las bicis circulan por la acera (donde la hay), cosa que aumenta el peligro para los pobres gaijin transeuntes.

¡Bicis!

¡Bicis!

Lo único que trunca la zona residencial es una enorme factoría de la compañía de vehículos de construcción Komatsu y, por supuesto, el campus universitario. Supongo que tendré oportunidad de hablaros más detalladamente del campus en próximas actualizaciones, pero aquí os dejo un par de fotos para que os hagáis a la idea.

¡Tacháaaaaaan!

¡Tacháaaaaaan!

Mirando hacia el otro lado

Mirando hacia el otro lado

Y algunas fotos extra del barrio como bonus, por haberos portado tan bien.

Casitas y baretos

Casitas y baretos

Políticos japoneses

Políticos japoneses

En una esquina cualquiera

En una esquina cualquiera

Takeshi Kitano anunciando una escuela de idiomas

Takeshi Kitano anunciando una escuela de idiomas

Típico habitante de Hirakata

Típico habitante de Hirakata

Pues bién, con esto habéis visto la parte de la ciudad donde paso la mayor parte del tiempo. La próxima vez intentaré mostrar un poco la zona más comercial del centro, que de primeras aparenta mucho pero después no es lo que parece.

Espero poder escribir pronto, si es que las clases y los exámenes (¡sí, exámenes ya!) me lo permiten, aunque también cabrá ver si sobrevivo al “Sports Festival” de este sábado… No sé, ya veremos 😛

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